Mireia

20 02 2008

La conocí en la temporalmente distante Lleida (1 voto más para vuestra encuesta) post-olímpica. Corría el año 1993 y en la ciudad -aun herida- existía un local, la Sala Europa, perfecto para practicar y poner a prueba las lecciones que mi  gurú y maestro en menesteres de seducción, semanalmente me regalaba. La Europa, como la conocíamos todos, era algo más que una simple sala de baile donde mover el cuerpo rítmicamente al compás de la música que la decadente banda residente obligaba a seguir. Era el centro del mundo cultural, artístico, freaky y musical de la Lleida de principios de los 90 y fue precisamente allí donde me doctoré en el noble arte del juego de la seducción, al son de boleros y pasodobles.
Mientras tanto ella solía jugar a leer las líneas de la palma de la mano y se gustaba al decir: “Tu mano dice mucho de ti.” Se las apañaba para localizar la línea de la vida, la del corazón, la de Marte, la del Sol… y se recreaba encomiablemente con la del amor. Algunos se quedaban con éso, con su predicción amorosa, pero muchos otros se enamoraban de ella. Nunca se fue sola a casa.
Era propietaria de casi dos quinquenios más que yo, de un pelo rojizo y rizado, y de algo que la hacía parecer especial. Quizás era su presencia. Su poder de atracción. Su cuerpo…
Me ponía muchísimo el deseo mezclado Llegeix la resta d’aquesta entrada »